Ya tengo avión!

El Easy Glider y su feliz papá

Bueno, pues por fín el domingo pasado bauticé el EasyGlider, o como dice mi amigo Raúl, convertí un cacho de poliespan y cables en un avión.

Había quedado con Raúl en el campo de vuelo del club Nuevo Alastur para que supervisara el bautizo, y además sabía que podía contar con la ayuda de Cristobal, el presi del club, que vuela un Cularis, el hermano mayor del Easy Glider, y además vuela en modo 2 como yo.

Realizada la inspección técnica por el experto, el técnico encuentra un par de fallos menores, pero el informe dice: “Inpección favorable con defecto leve”. Uf, menos mal que Raúl no es tan duro como los de la ITV.

Los defectos: un tornillo de los que sujetan los brazos de los servos trasroscado, y además los brazos de los servos no están en la posición adecuada, es decir, perpendicualres al eje del servo. Algo que arreglaré en el taller, pero de momento no impide volar. Bueno, pues el momento de la verdad ha llegado. Como no me fío de mí mismo, le pido a Cristobal que lo vuele él mientras yo lo lanzo. Motor a tope, lanzo el avión y…VUELA!!!

Ya en el aire, todo bien trimado, y a buena altura, tomo los mandos durante unos minutos. Hace bastante viento para mi gusto, y además “cruzaito”, pero no me importa, eso me afectará a la hora de aterrizar, pero de momento es una gozada ver cómo unos pedazos de poliespán y unos cables, que ayer estaban en casa oliendo aún a pegamento, pueden estar volando junto a las rapaces que cazan por estos parajes.

Acostumbrado al Sirius, que es muy tranquilo y planea muchísimo, éste me parece más nervioso y rápido, y necesito constantemente motor para mantenerlo en el aire, no consigo planear, pero en fín, supongo que este es “el siguiente nivel”, tendré que acostumbrarme.

Llega el momento de bajar, que tengo a Cristobal a mi lado aburrido de verme hacer el patán con el mando. Y bajé, vaya si bajé. Tanto y tan rápido bajé que a punto estuve de empotrarlo en el prao de al lado. Es que después de cortar motor bastante alto, iba lanzado y tirando de profundidad para bajarlo, porque esperaba que subiera al encarar el viento; no contaba con que el viento no venía de la pista sino de un lateral, así es que al encarar la pista el avión no subió ni desaceleró, sino que acabé demasiado bajo y a toda pastilla por culpa del viento lateral! Y en ese momento hice lo que cualquier pardillo: tirar de profundidad para evirar el golpe. Menos mal que el avión llevaba velocidad y no entró en pérdida antes de que la sangre fria volviera a mi cabeza y recordara que en estos casos hay que meter motor y al aire! Lo salvé de milagro, y el avión pasó a toda mecha por delante de nosotros entre los “uy”, “ayayay” y las risas de los que asistían al evento.

Acongojado le pasé los mandos a Cristóbal que me lo aterrizó de maravilla. Por cierto, durante el aterrizaje se desprendió el timón de cola, que estaba mal pegado!!! Menos mal que esto no me pasó a 200 metros de altura, jejeje.

Hoy sábado, después de una semana, he vuelto a volarlo, esta vez en solitario (qué temeridad) y en mi club, La Pixarra. Alucinante, qué seis vuelos me he pegado durante cuarenta minutos! Bueno, eso se merece otra entradita en el blog que escribiré mañana, pero de momento me he quedado con un sabor de boca estupendo, y me siento muy seguro con este magnífico avión.

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Comments

Enhorabuena , pardillo!!! ;-)

Muy entretenido el relato!!, estuvo muy, muy cerca de acabar en “desastre” ;)

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